viernes, 14 de junio de 2013

La Egoposesión

He acuñado este concepto nuevo porque he visto que era realmente necesario. A la altura del agua y del oxígeno. Sí.

La Egoposesión no es que venga la niña del exorcista, con un palomazo increíble, diciendo "soy la más y mejor, osea, tengo más estilo que la Draculaura". No es así, pero casiiiii. Egoposesión es cuando el ego de una persona hace que su cosa propia (qué expresión más bonita, casi tipo Alberti) sea la que más mole de todas pero, únicamente, porque es suya.

Una persona con un gran ego (o con necesidad de auto-reafirmarse, cual celulitis mental) posee un X (novio, perro, gato, kindle, lapiz con goma en un extremo...). Esa gran persona va venderte su X como la primera Maravilla. Nada de las pirámides y a la mierda el coloso de Rodas. A tomar viento. Su X es algo increíble, que hace cosas que jamás creerías y que, aunque tú tengas uno más nuevo, más joven, o de más Gigas, no tienes ni idea del tema.

Ejemplo práctico para utilizar bien el término:

Persona que sufre de egoposesión se echa novia. Te lo cuenta. Te alegras por él. Te dice que es la tía más buena del mundo. Que Liz Hurley a su lado es como una borrega que te sale en la mano al trabajar en el campo. Entonces llega el momento y te enseña una foto. Y tú la miras. Y la cosa de la foto parece mirarte. Y maldices los nuevos móviles con fotos y wasap y transmisión rápida de información. Y te preguntas si no habrás visto a esa cosa en uno de los reportajes tristes y chungos de Callejeros.

Por supuesto, a ese pobre muchacho enfermo de egoposesión (porque eso no es amor, ni ciego, ni ná, ¡¡es una enfermedaaad!!) no le puedes decir nada. En su mal, entenderá que sufres de envidia crónica y que no quieres admitir que por su jamelga ardería Troya.

Un claro síntoma de que es egoposesión es que ese mismo chaval puede ver fallos/fealdades/verrugas/encefalogramasplanos que no existen en las novias de los tíos de su alrededor. ¿Cuál es el fallo principal en esas novias? Que no son la suya.

Seguramente, si esa muchacha no fuera SU novia, si se la encontrase por la calle le chincharía con un palo para ver si es un cadaver en descomposición.

Conclusión:

Teniendo en cuenta la vida que llevamos tan rápida, tansinsentido, con el amigo Consumismo siempre colgando de nuestra oreja, es muy fácil dejarse infectar por la Egoposesión. La necesidad enfemiza de poseer de cada cosa por lo menos una unidad, hace que cuando conseguimos algo que nos ha costado mucho esfuerzo (aunque sea un mojón o el primer virus estomacal del año) nos ciegue el ego y pase a ser lo mássss.

Llegado la hora de valorar la nueva adquisición (seguimos con el ejemplo del virus estomacal), tenemos que pararnos fríamente a pensar en ello. Todo el mundo se ha ido de vareta alguna vez. Seguramente no será nuestra primera cagalera. Entonces, ¿a qué tanto interés a proclamar que ese virus es el peor de la historia? ¿no habrá alguien a quien le haya pillado en mitad de una plaza, un buen día de sol, con una feria llena de gente a su alrededor?

Serenémonos y no valoremos con tanto énfasis nuestras pertenencias. Coloquemos en nuestro interior un pequeño altar de agradecimiento por ser dichosos al vernos rodeados de lo que necesitamos y dediquémonos, que hable más nuestra sonrisa que nuestro ego; pero no nos pongamos en un atril, a soltar gilipolleces de que nuestro coche se pone a 195 en una recta, cuando a nadie le importa a no ser que vaya a ir por tu mismo camino y no quiera morir joven.

Dejando el ansia de posesión a un lado, olvidando nuestro ego, cuando llegue aquel momento en que lo adorado se largue (el novio, el gato, el virus...) sabremos cláramente que lo hemos amado tanto como se merecía, ni más, ni menos.

Y no habrá nadie señalándonos a lo lejos diciendo por lo bajini "Mira el ridículo, cómo se ha puesto porque le ha dejao esa cosa, el gremlin de novia que tenía, que era tan fea que parecía que le echaba agua y le daba de comer sólo después de las doce." Al contrario, lo que dirán será: "Se fue lo que tanto le hacía feliz. Al menos, supo aprovecharlo."

Aunque aquí lo realmente importante no es lo que digan, sino que, en este caso será bonito porque tendrán razón.

martes, 21 de mayo de 2013

Aleteando entre los naranjos de Mansfield Park

Siempre se ha dicho que a caballo regalado no le mires el diente, pero una cosa es que te digan que es un caballo y tú te calles cuando ves que es una bellota. Y eso me ocurrió con dos de los libros que te puedes bajar gratis de Amazon.

Me bajé Entre naranjos, de Blasco Ibañez,  porque me sonaba el autor. Creía que tenía un regusto a literatura profunda, la que estudias en el instituto y luego dejas olvidada por los best-sellers y tu ya creado gusto personal.

Pues sí, pues tenía yo razón. Es literatura de verdad. Es un libro, con muchas palabras y mucha descripción del pensamiento cerrado y viejuno de la época. Una buena y polillosa España profunda. Por un lado está bien, pero por otro lado, recuerdo haberme leído libros de literatura-literatura con mucho más poder de enganche.

La relación amorosa está muy bien tratada, incluso para la época, y no muestra un erotismo ñoño, cosa de agradecer. Peeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeero el final, oh, oh, oh. Por todos los finales del mundo. Qué cosa. Le sigues dando al botón de avanzar página para seguir leyendo en plan, "venga, venga, venga, que pase algo, una buena frase final, una lágrima, una sonrisa, un tic nervioso, ¡¡¡¡algoooo!!!!"

Pero no ocurre nada.

El otro gran descubrimiento gratuito de Amazon fue Mansfield Park, de mi Austen. Sí... Una piensa que todo va a ser Darcys y Lizzys, pero no. La vida es dura, es cruel. Y por eso te encuentras libros como éste en tu vida.

Tarda mucho en pasar algo. Tarda tanto que sospechas que lo ha escrito realmente el guionista de Walking Dead y que sólo vas a ver un par de zombies al final del capítulo. Cuando pasa el tiempo, y las páginas, intuyes que Jane quiere que conozcas a los personajes. Profundamente. Totalmente. Absurdamente.

La protagonista es una absurda. Por un lado, es una lenta y una lacia. Por decirlo de algún modo, es como si Lizzy se diera un golpe en la cabeza y se volviera gilipollas y sosa. Pues sí, ya tenemos una nueva protagonista. Es de agradecer que Jane Austen no escribiera una y otra vez sobre los mismos personajes pero cambiándole los nombres (como la absurda de Katherine Neville), pero haz el favor de crear una protagonista con la que yo me pueda identificar. Algo, un poquito... Pero no hubo suerte. Creó una sosaina. Lo cual, supongo, que habrá dado lugar a la creación de un club de fans de este libro por parte de las sosainas. Las felicito.

Hay una escena en concreto, una escena en que la gilipollas está cansada y está sentada en un banco. La gente va y viene, en grupos, en parejas, solos, y todos se van y la dejan ahí sentada, cansada y gilipollas. Poniendo morrinos por lo inapropiado de todo. Por favor... mata a alguien, chilla, baila, sácate un hombro de tu sitio. Pero no te quedes ahí, viendo pasar las horas. Niña: iniciativa.

Tenemos que ser justos y admitir que en el momento (spoiler) en el que a la sosa le sale un pretendiente (absurdo) hay cosas que están bien. Escenas bonitas de mucho amós y mucha envidiaporquéloshombresdehoyendíanosabensertancaballerososohohdiosmio. Pero es algo demasiado breve pa' tanto tostón.

Al final, todo acaba de una forma moralmente correcta.

Yo sólo me quedaría con la tía rica de la sosaina, Lady Bertram, muy bien definida, muy bien creada, un personaje en 3D que me encanta cada vez que abre la boca. Más floja que una alpargata y, a la vez, tan divina que ardo de adoración.

Aleta, de Christopher Moore. Me ha gustado mucho más que Azul, pero no ha pasado de ahí. Creo que leerme Un trabajo muy sucio es lo peor que he hecho, porque todo lo que escribe este hombre lo mido con ese maravilloso libro. También ayudaría que tomara ejemplo de Jane Austen y que no escribiera siempre sobre el mismo tío, pero cambiándole el nombre. Cosa que no hizo en Un trabajo muy sucio. Oh, cómo me gustó ese maravillosísimo libro.

Un argumento novedoso, que no te esperas, y todo eso. Todo muy Moore.