martes, 30 de octubre de 2012

Otoño en Nueva City

Odio el otoño. Es un sentimiento pasajero y fugaz, que mañana hará que escriba otra entrada diciendo que amo el otoño, pero hoy lo odio. Lo odio porque es un coñazo. Lo amo porque es agradable sentir el airecillo fresco en la faz después de un verano fabricador de torreznos andantes. Lo odio porque hoy llueve, mañana hará calor, el otro un frío de tempanillos bajeros y el sábado habrá imágenes en los noticieros de gente bañándose en Valencia. Nunca falla. Valencia tiene otro ecosistema, clima y dimensión. Yo llevo dos pares de calcetines.

El otoño es mejor que el verano porque es relajado. Las mujeres podemos guardar el estuche de la pedicura y no tenemos que vivir pegadas a la cera ni a las cremas. Tenemos más tiempo libre para no hacer nada, en lugar de quitarnos cosas que si crecen es por algo (la Naturaleza es sabia, mira los monos como son todos peluditos y siguen reproduciéndose sin problemas...).

Por otro lado, el otoño es peor que el verano porque la complejidad nos invade. En verano te calzas un vestidín y unas chanclas y vuelas hacia el portal llena de felicidad y de factor protector en el careto y escote. En otoño... en otoño tienes que estudiar al recinto al que te diriges (¿oficina, bar, cine, casa Abuelos Brujos de temperatura media -12º...?) y el medio de transporte que vas a usar (¿a pata, coche, sauna-olorsobaquil-bus...?). Llevas puesto medio armario encima y otro medio en la mano, pillado con el asa del bolso. Luego tienes calor y quieres tirarlo todo al primer contenedor que te encuentras pero sabes que, cuando lo hagas, empezará a llover y tu paraguas (que ahora no tiene sentido porque hay un cielo azul Disney y unos 18º) será tu única herramienta de salvación cuando caiga el Verdadero Diluvio Universal Hoy Llevo Vaqueros Mu Largos Que Absorben Cada Charco Del Suelo Y Hacen Que Lleve Mojado Hasta El Forro De Los Bolsillos.

El otoño es horrible porque empieza Jalowín en septiembre y ya hay mantecados en el super. Estamos en Octubre. ¡OCTUBRE! ¡MANTECADOS! Cuando llegue Diciembre, nos estarán vendiendo cajas de bombones para San Valentín.

En verano no nos venden nada, porque está todo el mundo tirado en la playa, con sus neveras de domingueros, tostándose al sol y lejos de la tele. Después estoy yo, que apenas bajo a la playa y que sigo en la City, pero como en verano todo es de color pastel y flúor, como que no gasto (¡¡bieeeen!!).

El otoño es un mojón porque cambian la hora y los que sufren horario de oficina, salen de currar cuando la noche cerrada se cierne sobre la City y la gente normal está en su casa con una taza caliente de sopa, arrebujados en el sofá y liados en una manta del Ikea.

El otoño es un mierdón porque mientras escribo esto hay unas pavas quinceñas chillando porque se mojan. No vais a encoger. No. Si la lluvia produjera ese efecto, ya estaríamos Falete y yo bailando en mitad de la plaza.

El verano es una mierda porque la gente se va a esa plaza a tomar el sol y a darme envidia de sus vacaciones. Que yo creo que lo hacen por esto último. So cerdos.

Y así podría seguir toda la tarde y la balanza quedaría muy equilibrada. Mi estación favorita, ¿sabéis cuál es? No va por estación, sino por mes. Mis meses favoritos son aquellos en que tengo vacaciones. Sí, acabo de demostrar que soy una hipócrita odiadora estacional. Y fin.

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