Cuando proyectamos un viaje, todo es jolgorio y fantasía. Los monumentos aparecen en nuestra imaginación con la misma magnificencia del Taj Mahal, aunque vayamos a ver la Acequia Gorda de Villamejillones del Valle Seco. La gastronomía a degustar, manjar de los dioses, aunque sean las patatas fritas belgas, que son iguales que las españolas... Y el clima, oh, el clima. El clima es el Dios Supremo de los Viajes. Él nos dicta lo que tenemos que meter en la maleta para adaptarnos al medio, al entorno.
El entorno cambia totalmente cuando el viaje es de trabajo. Cuando es de trabajo, la ciudad más bella del mundo parece un lupanar mugriento, la pizza más buenorra parece boñiga de vaca, la gente más simpática del universo parecen trolls con egos de diez tentáculos... Todo es horrible cuando el viaje es de trabajo.
El viaje de trabajo hace que el clima importe un peazo de nabo. Da igual.
- En la página web "El tiempo jurado ante notario" dice que en Alaska va a hacer frío en la semana de enero en la que tenemos el seminario.
- Déjalo, déjalo. Eso son previsiones absurdas. Es mejor llevarse alguna manga corta por si las moscas.
Por si las moscas invade tus pensamientos, tu vida. Por si las moscas echas dos pares de medias iguales por si descubres que aunque estén nuevas, la de la tienda te las ha vendido con carreras y mordiscos de T-Rex. Por si las moscas piensas que, cuando llegues a las jornadas, llevarás en el bolso una camisa in-in-in-arrugable, por si algún compañero te vomita encima, o por si tú te vomitas encima, y el lugar está demasiado lejos del hotel para poder ir a cambiarte, llorando por el arcén y mesándote los cabellos.
Por si las moscas llevas laca, cuando en la vida has usado laca... Por si las moscas te llevas esmalte de uñas y quitaesmalte. Aunque las lleves pintadas de casa. Puede que el esmalte salte en mitad de una reunión, le dé en un ojo al Director Ejecutivo y tú tengas nueve uñas pintadas en rojo pasión. ¡Sólo nueve!
Luego lo piensas dos veces y dejas el quitaesmalte. La solución guarruna de pintar capa sobre capa lucha ferozmente contra el "por si las moscas".
Por si las moscas llevas "evitampollas" de todas las marcas. Como jamás has usado ninguno, no sabes cuál funciona. Lo que sí sabes es que esos zapatos de capulla prepotente, que te compraste con dinero que te dio tu madre mientras te rogaba que te compraras unos zapatos normales, te cercenarán los talones y el tendón del dedo gordo del pie, acostumbrado el pobre a las converse piratas y a las botas militares.
Porque las botas militares no pueden llevarse en septiembre. No. Ya lo he preguntado.
Por si las moscas, le preguntas a tu jefe si en aquel lugar hace calor. Él te mira como si te acabara de recoger de algún poblado pigmeo para darte agua potable de una cantimplora.
- Hay aire acondicionado. Es bajo techo. Es... Hay aire acondicionado.
Pero él no entiende la pregunta intrínseca:
- Si me pongo una camisa de manga larga, ¿moriré deshidratada? En "El tiempo jurado ante notario" dice que va a hacer 20º. Pero eso es en el exterior. ¡¡¡En el exterior!!! No hay ninguna opción de búsqueda para ver la temperatura en ese pabellón. La he buscado.
Sin ver el trasfondo de tu pena, sale de tu habitáculo y quedas sumergida en la más profunda depresión. Los jefazos están acostumbrados a llevar traje de chaqueta y corbata incluso en agosto. Ellos ya no sienten frío o calor. No sienten. Tú en agosto vas al trabajo igual que si fueras a un festival. Todo lo que estás viviendo es atroz.
Así que haces de tripas corazón y tragas hondo. Y piensas que la camisa que vas a llevar oculta en el bolso, además de in-in-in-arrugable, va a ser de manga corta. Por si las moscas.
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